El cerebro de tu calefacción: Mucho más que una pantalla bonita
Cambiar el viejo termostato de rueda por uno inteligente es la inversión en domótica que más rápido se amortiza. Sin embargo, es también el dispositivo que más devoluciones genera por falta de entendimiento técnico. Aquí te explicamos lo que nadie te cuenta para que elijas bien.
1. El problema del Cableado: ¿Tienes Neutro?
Este es el factor decisivo. Si abres tu termostato actual y solo ves dos cables finos, significa que tu sistema funciona como un interruptor simple y probablemente a pilas. La mayoría de termostatos inteligentes baratos (tipo MOES de pared) NO te servirán en este caso, ya que necesitan una instalación eléctrica completa con Fase y Neutro (3 o 4 cables) para encender su pantalla WiFi. Si te encuentras en esta situación y no quieres hacer rozas en la pared para tirar cables nuevos, tu única solución viable es optar por modelos Inalámbricos (como Garza o Tado) que instalan un receptor junto a la caldera y te permiten colocar el termostato donde quieras, o bien buscar modelos específicos a pilas.
2. La Tecnología: ¿WiFi, Zigbee o Matter?
No todos se conectan igual. La opción más sencilla es el WiFi, usado por marcas como Garza o los modelos base de MOES, ya que se conecta directamente a tu router sin aparatos extra, aunque consume más energía. Por otro lado, el estándar profesional es Zigbee (usado por Aqara o Avatto). Estos requieren un pequeño aparato adicional llamado Hub, pero a cambio crean una red mallada mucho más estable que no satura tu WiFi y permite que las baterías duren años. Finalmente, empieza a llegar Matter (como el nuevo Tado X), el protocolo universal del futuro que promete unir lo mejor de ambos mundos.
3. Inteligencia real: ON/OFF vs. Modulación
Un termostato básico de 30€ suele funcionar en modo ON/OFF: enciende la caldera a tope hasta llegar a la temperatura y luego corta, provocando picos de consumo. Los modelos premium como Tado o Netatmo justifican su precio mediante algoritmos PID o protocolos OpenTherm. Estos sistemas 'hablan' con la caldera para pedirle calor suave y constante, evitando los acelerones y frenazos, lo que se traduce en un confort térmico superior y un ahorro de gas real a final de mes.